Tres lecturas del año 2020

En un año marcado por la pandemia provocada por el SARS-CoV2, las novedades editoriales, aunque han seguido su tasa natural de reposición, no parecen haber dado grandes frutos, dado que muchas editoriales han guardado sus mejores bazas para mejores tiempos. Otras se han dedicado, quitándose la careta sin tapujos, a publicar desmedidamente libros sobre enfermedades, pandemias y contagios. El ensayo no puede ser ajeno a la realidad y sus vicisitudes, pero los condicionantes económicos en ocasiones guían en exceso las decisiones de publicación, si bien luego las editoriales tratan de justificar esas decisiones apelando a criterios que parecen querer ocultar la, siempre legítima, aspiración económica.

No me gustan las listas largas porque pecan por exceso, de modo que lo que pretende resaltarse resulta conducir a un océano proceloso en el que sigue siendo complicado pescar un pez decente. De ahí que ofreceré tan solo tres libros que, por diversas razones, me ha parecido que merecen la pena la atención de los lectores. Hay muchos otros, claro, y los miles de libros que se han publicado este año que no he leído y sobre los que no puedo opinar. Ahí van mis mejores lecturas del 2020:

El árbol enmarañado, de David Quammen

En el periodismo científico hay una pequeña franja situada entre el anecdotario y en sensacionalismo. Quammen es de esos autores que sabe situarse en esa franja intermedia y para ello no recurre a un lenguaje más cercano o a llamar la atención con fuegos de artificio. Quammen es narración científica en estado puro. Lo hace desde el rigor, presentando temas relevantes y llegando hasta el fondo de ellos, y todo ello con una prosa elegante y un ritmo sorprendente.

El árbol enmarañado es magnífico porque reúne estas virtudes y presenta dos características adicionales dignas de reseñar. En primer lugar, porque se trata de un libro sobre evolución actualizado, que escapa de los tópicos y se centra en aspectos conocidos por los científicos pero muy poco conocidos por los lectores no especializados, a pesar de que algunas de esas cuestiones ya se conocen desde hace tres o cuatro décadas. La lentitud con que permean algunos conocimientos científicos al resto de la sociedad es sorprendente, y esta idea de que el árbol de la vida en realidad no es tal árbol, todavía sigue sorprendiendo a muchos. El otro aspecto interesante del libro es que se centra en la actividad de los científicos. No es baladí esta cuestión. Los que hacen la ciencia son los científicos, que no son mentes puras ni ajenas a las ideologías. Son personas que tienen aspiraciones, que se enojan con otros, que sufren decepciones y alegrías, que juzgan el trabajo de otros colegas apelando no solo a la valía científica de las ideas… Quammen se centra en la figura controvertida del genial Carl Woesse, una de las personas que más contribuyó a alterar ese árbol de la vida que aún sigue representándose en muchos libros de texto.

Leedlo. Si sabéis únicamente lo básico acerca de la teoría evolutiva, muchos de vuestros esquemas mentales se verán alterados. Si sabéis algo más, es un ejercicio de historia de la ciencia fascinante.

La reseña en el blog, aquí.

Orígenes, de Lewis Dartnell

Hablábamos de los peligros del periodismo científico, pero los ensayos escritos por científicos tampoco escapan a esos problemas ni a algunos otros, como la exhaustiva atención por los detalles o la excesiva divagación a partir de unos hechos puntuales. Orígenes, de Lewis Dartnell, es en cierta manera un libro fragmentado, pues trata diversos temas, pero en esencia trata de analizar cómo la geología ha afectado a la historia humana. Es, desde luego, un ensayo arriesgado, muy del gusto de algunos ensayistas anglosajones que, como decía hace poco en la reseña a Crisis, de Jared Diamond, son menos timoratos que los que escriben por estos lares. Las hipótesis que lanza Dartnell no son descabelladas, ni mucho menos. Muchas de ellas están ya ampliamente asentadas, y tampoco pretende que sean predictivas de nada, sino más bien dar explicaciones a posteriori, que siempre resulta más sencillo, aunque corremos el riesgo de equivocarnos con más facilidad.

Aun así, Dartnell sale, creo, airoso, y te mantiene pegado al libro de principio a fin, tocando temas que van desde la evolución humana, hasta las rutas navegables o el uso de los minerales en la actualidad. Sin ser un libro que plantee una gran idea teórica, sí suma pequeños pedacitos de evidencia que resultan muy estimulantes para el lector e invita a seguir indagando sobre los temas que trata, lo que es síntoma de que se trata de un gran libro de divulgación. Por otro lado, Dartnell tiene la suficiente habilidad como para llegar a todos los públicos, de manera que aunque el lector no esté familiarizado con la tectónica de placas y la dinámica geológica de la Tierra, es capaz de hacer llegar los conceptos de forma sencilla y accesible. Por todo ello, es un libro muy recomendable.

La reseña en el blog, aquí.

El mar indemostrable, de Ce Santiago

Esta recomendación podría ser tachada de mal gusto por dos motivos. El primero y más evidente, porque tengo relación con el autor de este libro; no en vano, soy uno de los editores de la editorial que ha publicado su libro; en segundo lugar, porque este es un blog de reseñas sobre libros de ciencias y meto aquí la cuchara con una novela.

Todo tiene su justificación. En primer lugar, este blog persigue ser un sitio para establecer vínculos entre las famosas dos culturas, en el que puedan relacionarse conocimientos, vengan estos de donde vengan, y la expresión artística es, sin duda, valiosísima para el ser humano y para la generación de conocimiento. En segundo lugar, esta recomendación es sincera, para nada movida por intereses personales más allá de promover la lectura de un libro mayúsculo, pues ese es el objetivo que me mueve al publicar libros. Que consigáis el libro en una biblioteca, lo robéis u os lo presten, eso ya no es asunto mío.

El mar indemostrable es un ejercicio literario de gran calado, en el que trata de expresarse la inexistencia del mar con el lenguaje (¡narrar una inexistencia desde la existencia de la palabra!). Más allá de la carga filosófica del texto, que la tiene y es, yo diría, gran parte del motor de la obra, está el lenguaje como vehículo de las ideas o, más bien, como la esencia de las ideas, pues el pensamiento es consustancial al lenguaje. Ce retuerce el lenguaje y lo disecciona frente al lector, que tan solo puede asistir atónito, entregado, pero también cómplice, a un despliegue virtuoso de las posibilidades expresivas del lenguaje, en tanto abstracción mental como en su componente sonoro, pues pronto se descubrirá leyendo en voz alta muchos de los pasajes, cuya sonoridad parece fluir de manera natural, en lo que es una muestra de gran talento del autor y que no deja impasible a nadie.

Tengo absoluta devoción por este texto, por el arrojo de quien lo ha escrito y por su saber hacer, y porque creo que si la literatura merece tener ese nombre es por libros como el que ha escrito Ce.

En este texto publicado en Zenda, el autor explica cuáles fueron los inicios de este libro: https://www.zendalibros.com/las-manos-de-mi-padre/

Y me permito dos recomendaciones más, fruto de la lectura del libro de Ce Santiago: Leviatán o la ballena (reseñado también en el blog y que tenéis aquí) y El gran mar, de David Abulafia, un recorrido por la historia que toma como centro de la narración el mar Mediterráneo, una obra exhaustiva y maravillosa.

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