Escrito en los árboles

La dendroncronología es una rama de la ciencia poco conocida. Su aparente escasa sofisticación –a fin de cuentas, solo se trata de extraer una muestra de un árbol y contar anillos, ¿no?– le ha impedido hasta ahora llegar al gran público. Sin embargo, tal vez estamos en un momento idóneo para ello. En la época en la que la acumulación de datos y su interpretación son más más importantes que nunca, una ciencia basada en cruzar series de datos de anillos con datos climáticos o de otras estructuras que muestran crecimiento anual y extraer de ello patrones inesperados, supone un espaldarazo para una ciencia que ha estado a la sombra durante demasiado tiempo. Escrito en los árboles, el libro escrito por Valerie Truoet, dendrocronóloga, contribuye a dar visibilidad a esta interesante ciencia y valorar como se merece los hallazgos que de ella se han obtenido.

Valerie Trouet es dendroclimatóloga y estudia, a partir de los anillos de crecimiento de los árboles, el clima del pasado. Obviamente, el alcance de ese «pasado» no es excesivamente amplio, pues los árboles más antiguos de que se dispone de muestran, no van más allá de unos 1.200 años, si bien ya es suficiente para detectar ciertos patrones. Lo interesante del acercamiento de esta ciencia  es que los dendrocronológos experimentados son capaces de cruzar los datos entre árboles de una misma zona y establecer épocas de sequías o de grandes precipitaciones de grandes períodos de tiempo a partir del crecimiento secundario de los vasos conductores, cuya periodicidad de crecimiento es anual. Es más, son capaces de diferenciar, mediante el estudio con el microscopio, los períodos del año durante los cuales el régimen de precipitaciones ha sido diferente, tan solo estudiando su estructura, de modo que a partir de un conjunto relativamente pequeño de muestras, puede reconstruirse la historia climática de una zona un milenio atrás analizando muestras de árboles todavía vivos, tocones antiguos, muestras enterradas, vigas o muebles de edificios antiguos, etcétera. Cuando se establece una serie completa, la dendrocronología es una herramienta valiosísima porque permite establecer dataciones absolutas, con todo lo que ello significa para disciplinas como la antropología, la historia o, por supuesto, la biología.

Con respecto a esta última cuestión, son interesantes los aportes de la dendrocronología a la datación de instrumentos musicales, obras de arte o edificaciones del sudoeste norteamericano. Sin embargo, si en algo se ha demostrado realmente útil esta disciplina es a la hora de estudiar los patrones climáticos de los últimos siglos. Escrito en los árboles es un breve compendio de los principales avances en este campo, con datos procedentes de los estudios de la propia autora, así como de otros colegas. Ha aparecido la palabra «patrones» varias veces ya en estos tres párrafos, y es que no se me ocurre otra forma mejor de definir a los dendrocronólogos que como «cazadores de patrones». Tan solo para crear sus series dendrocronologícas ya deben conocer a la perfección la secuencia de anillos en los troncos. Los conocen tan bien, especialmente algunas secuencias anómalas, que no les cuesta apenas identificar esa secuencia en cuanto la encuentran en árboles de la zona, lo cual les permite establecer esas secuencias cruzadas de una manera casi automática. Pero eso es lo «fácil». Después llega el momento de cruzar esas secuencias con otras series de datos y tratar de establecer, a partir de ahí, patrones mucho más amplios en otras variables.

Gracias a esta metodología, que yo diría que se basa en gran medida en la intuición de los investigadores, se generó el famoso gráfico en forma de palo de hockey que mostraba un incremento de temperaturas medias muy evidente en el siglo XX en el hemisferio norte. Posteriormente, Trouet fue capaz de analizar la actividad de los dos frentes que controlan en gran medida el clima en Europa (el centro de altas presiones de las Azores y el de bajas presiones de Islandia) cruzando los datos de árboles en Grecia con estalactitas en Escocia. El estudio más sorprendente por la gran cantidad de datos que encajaban es seguramente el que analizó los huracanes en torno a los cayos de Florida, que solapaba con los mínimos de Mauder (años en los que no hay manchas solares) y con los naufragios de galeones españoles, lo que a su vez, correlacionaba con la época dorada de la piratería en la zona. Tratar de describirlo en unas líneas desdibujaría un capítulo excelentemente escrito por Trouet.

A los datos anteriores se suman esos tan repetidos en los últimos tiempos de que, como consecuencia del cambio climático, los fenómenos meteorológicos extremos serán más frecuentes, una previsión que se asienta en gran medida en las observaciones que se han realizado gracias a los anillos de crecimiento y su relación con los períodos de sequía, en los que se ha observado que estos son cada vez más amplios (la desviación es cada vez mayor de la media). También aporta Trouet algunos datos sobre incendios y su control que parecen antiintuitivos y, sin embargo, suenan razonables.

Uno de los puntos fuertes del libro, quizá el mayor, es que la autora no se limita a describir los datos obtenidos, sino que siempre importa el cómo se han obtenido estos, lo que suele ser tan interesante como los propios datos, pues permite al lector comprender las condiciones de trabajo de los dendrocronólogos, las dificultades y las limitaciones de su labor. Este es un abordaje que se dejó de acometer durante cierto tiempo, pero varios libros recientes parecen haberlo recuperado y es un acierto por lo que aporta de conocimiento sobre las aptitudes con las que deben contar los científicos al enfrentarse a su trabajo y la forma en la que se genera el conocimiento científico. Recuerdo ahora de de corrido algunos libros, unos más recientes que otros, que emplean este mismo abordaje y son igualmente recomendables, El telar mágico de la mente, de Joaquín Fuster, ¿Qué es la vida?, de Paul Nurse, El árbol enmarañado, de David Quammen, La doble hélice, de James Watson o En busca de la memoria, de Eric Kandel.  

En resumen, estamos ante un libro escrito con mucha habilidad, en el que a pesar de que el arranque parece tender al anecdotario, posteriormente se centra en la dendrocronología aplicada al estudio del clima, y ahí es donde Trouet muestra sus grandes dotes como divulgadora, sumergiéndonos de lleno en un tema tan apasionante como valioso.

Calificación:

Puntuación: 4 de 5.

Es un libro apto para todos los públicos. Hay ciertos capítulos algo más técnicos, especialmente aquellos en los que describe relaciones entre los anillos y algunos fenómenos climáticos, pero en general, incluso las personas no iniciadas en el tema, los entenderán bien.

Título: Escrito en los árboles

Autora: Valerie Trouet

Traductor: Pedro Pacheco González

Editorial: Crítica

Páginas: 328

Un ejemplo de cómo se extraen testigos de los árboles para el estudio posterior de sus anillos.

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