Ejercicio, de Daniel E. Lieberman

No es sorprendente saber a estas alturas que hacer ejercicio es beneficioso para nuestra salud. Tampoco lo es saber que hay gente que nunca realiza ejercicio y se mantiene sana y es muy longeva y apenas tiene problemas de salud, mientras que otras realizan ejercicio a diario y de buenas a primeras mueren de un infarto con cuarenta años, aunque los datos científicos (es decir, en este caso el estudio de grandes muestras) nos dicen que esto último no suele ser lo habitual. En Ejercicio, el científico y gran divulgador Daniel Lieberman, bien conocido por La historia del cuerpo humano, trata de explorar las claves que explican por qué necesitamos realizar ejercicio de manera frecuente, cuáles son sus potenciales beneficios y, ya de paso, aporta algunas pautas acerca de cómo realizar dichos ejercicios.

Lieberman destaca por su faceta multidisciplinar, aunque siempre centrada en el enfoque evolutivo. Para ello, son fundamentales los datos, no solo de los fósiles de nuestros ancestros evolutivos, sino también antropológicos, que nos ayuden a comprender los cambios culturales que han acontecido en los últimos 200.000 años y que nos han llevado de ser una especie que realizaba actividad física de manera muy frecuente a la situación actual en la que el sedentarismo, especialmente en la sociedad occidental, es un mal que aqueja a la mayoría de la población.

Según Lieberman, que ha realizado algunos estudios de gasto energético comparando al ser humano con otros primates, nosotros somos mucho más activos que ellos y además consumimos más energía por unidad de peso magro. Esto significa que debemos hacer ingestas más calóricas, lo que supone, también, pasar más tiempo buscando alimentos. Así ocurre en las pocas sociedades primitivas de cazadores recolectores que aún quedan en el mundo, como los hazda del norte de Tanzania, en los que el autor de fija en varias ocasiones a lo largo del libro para comparar sus hábitos con los de los seres humanos actuales. Los hazda reflejan ese patrón de búsqueda incesante de comida, para lo cual realizan grandes desplazamientos diarios (tanto los hombres como las mujeres) en contraste con los seres humanos actuales de los países occidentales, que no tienen más que ir al supermercado en su coche, recoger la comida, que transportan en un carrito de la compra, meterla en el frigorífico y dar cuenta de ella sentados cómodamente en un sillón mientras ven una película en su plataforma preferida. Lieberman explica que nuestro organismo siempre va a tender a ahorrar energía porque conseguirla es un proceso costoso (o lo era antes, al menos), de modo que por defecto siempre va a tender al reposo y a reducir el consumo energético al máximo. Además, si realizamos ejercicio, después el cuerpo pedirá reposo e incrementar las calorías para compensar las que hemos perdido, lo que explica nuestra resistencia natural a realizar ejercicio, y más como se concibe en la actualidad, una actividad sin un fin inmediato, tan solo para mantenernos en forma y prevenir o retrasar la aparición de ciertas dolencias.

Lieberman estructura el libro a partir de ciertos mitos en torno al ejercicio, muchos de los cuales se han creado para tratar de incentivar su práctica, aunque muchas veces tan solo sirven para crear frustración entre aquellas personas que no se sienten lo suficientemente motivadas para correr durante media hora y, sin embargo, no moverse del sitio. Entre estos mitos están la idea de que sentarse es intrínsecamente perjudicial para nuestra salud, que el ser humano evolucionó para ser fuerte más que resistente o que debemos dormir ocho horas al día. En muchas ocasiones, no se trata de mitos absolutos, sino que hay que matizar esas aseveraciones y ahí es donde Lieberman se esfuerza en aportar datos e hipótesis que apoyen sus ideas. Este es, de hecho, el punto fuerte del libro ya que aunque las explicaciones evolutivas pueden pecar de historicistas, en muchos casos van acompañadas de datos que suelen apoyar bien sus hipótesis.

Hay un capítulo muy interesante que tiene que ver con el ejercicio y la descripción de varios estudios longitudinales, es decir, realizados en varios puntos a lo largo del tiempo, que muestran que la realización de ejercicio físico moderado o vigoroso durante unas 150 horas a la semana previene múltiples enfermedades y alarga la vida. Las buenas noticias son que es igual cuándo comiences a hacer ejercicio, este siempre aporta algún beneficio. Lieberman recurre una vez más a la explicación evolutiva para intentar comprender este fenómeno y explica esta «necesidad» de ejercicio físico por parte del cuerpo envejecido mediante la hipótesis del cuidado de los nietos por parte de los abuelos, una característica que únicamente poseen los seres humanos y que explicaría, al menos en parte, la relativa longevidad de nuestra especie en comparación con otros primates.

En mi opinión, la sección final del libro es la más prescindible. Se centra en la promoción del ejercicio físico, es decir, en qué estrategias seguir para lograr que el ejercicio nos resulte divertido, al mismo tiempo que necesario; también aporta algunos consejos para llevar a cabo rutinas de ejercicio o comenzar a realizarlo y, por último, Lieberman analiza la relación entre el ejercicio físico y diferentes enfermedades valorando sus posibles beneficios. Esta sección es quizá demasiado descriptiva y es más útil como libro de consulta que para leerla de corrido.

Ejercicio es uno de esos libros, como Elogio del caminar (reseñado hace un tiempo aquí mismo), cuya lectura invita a ponerse en marcha. La abundancia de datos, las explicaciones biomecánicas y evolutivas, lo que incluye también las culturales, y la innegable calidad divulgativa del Lieberman hacen difícil no sacar de inmediato la ropa deportiva del armario y darle el uso que merece y que tanto hemos postergado. 

Calificación:

Puntuación: 4 de 5.

El enfoque evolutivo marca la diferencia en este texto. Tal vez un poco subido de nivel para quien no conoce las cuestiones básicas del metabolismo pero, en general, se sigue bien.

Título: Ejercicio

Autor: Daniel E. Lieberman

Traducción: Marià Pitarque

Editorial: Pasado & Presente

Páginas: 560

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